En 1941, un enorme incendio obligó a reconstruir buena parte de la ciudad, incluida la catedral. Nuestra Señora de la Asunción fue en el siglo VIII una abadía consagrada a los santos Emeterio y Celedonio. Además del templo inferior o cripta del Cristo, del siglo XIII, las excavaciones han sacado a la luz restos desde la época romana. En el lugar donde se encuentra el claustro gótico estuvo el cementerio medieval. Frente a la catedral, sobre la muralla medieval, se abre la plaza Porticada. Aunque las plazas más concurridas probablemente sean las de Cañadio y Pombo. El paseo de Pereda, entre la costa y la parte antigua, tiene algunas de las casas de miradores más atractivas junto con las de Castelar. Cruzando los jardines de Pereda se llega a la grúa de Piedra y el palacete del Embarcadero, desde donde parten las lanchas a Pedreña y Somo. De vuelta al centro, entre la plaza del Príncipe y Puerto Chico, el edificio modernista de hierro y cristal del Mercado de la Esperanza se alza sobre los restos de un convento franciscano. Y para comer y beber, están el barrio pesquero y Tetuán o la zona de las calles Vargas y san Fernando. Además del dedicado a la arqueología, hay dos museos interesantes: Bellas Artes ––desde pintura flamenca a Blanchard y Cossío–– y Marítimo, consagrado a la historia de la navegación y con un gran acuario. Uno de los paseos más bonitos es el del faro, con una senda que recorre la costa hacia la playa de Molinucos y los acantilados de cabo Mayor y cabo Menor. En la bahía de Santander, el mayor estuario de la costa norte, sobresalen otros accidentes como los islotes de La Torre y La Horadada o el arenal del Puntal.