Se trata de uno de los más hermosos y mejor conservados conjuntos monumentales del país. Ocupada primero por los romanos, empezó a florecer en la Edad Media y logró su máximo esplendor en el siglo XVIII. Partiendo de Santo Domingo, a lo largo de las calles empedradas vamos encontrando talleres artesanos de cerámica y cuero y casas blasonadas. Alrededor de San Ildefonso alternan las construcciones de tipo montañés con los palacetes señoriales. En lo que eran las dependencias del antiguo convento dominico, hoy de clarisas, puede visitarse el Museo Diocesano Regina Coeli.
No obstante, el mayor tesoro no es ya visitable: las cuevas de Altamira, situadas en las inmediaciones. Dicen que el nombre contiene tres mentiras: desde luego, no es el mar lo que caracteriza al lugar. La playa más cercana, la cala de Santa Justa oculta una pequeña ermita entre las rocas