Dedicada a Santa Juliana, en su ubicación hubo un monasterio benedictino hasta el siglo XII. La elegante fachada muestra sobre el frontón triangular una galería de quince arcos enmarcada por tres torres, la de la derecha un campanil de planta circular. Con tres ábsides y tres naves, es la mayor y mejor muestra de románico en la cornisa cantábrica. A través de la portada se accede al hermoso claustro, levantado con posterioridad al templo. Es de planta cuadrada con 42 variados capiteles decorados con motivos geométricos, vegetales y figurativos. Lo más destacable es que constituye una especie de catálogo en el que se pasa revista a todos los temas de la iconografía románica: ornamentación oriental y árabe, monstruos, escenas caballerescas, alegóricas, de temática bíblica o profana. A lo largo de las galerías aparecen sepulcros románicos y góticos y capillas funerarias de los nobles de la villa. Uno de ellos reproduce un relieve asirio del VI a.C.