Además de las que rodean la plaza mayor, hay otras repartidas por el pueblo. Algunas, como la casa de Valdivieso, se han convertido en hoteles. Otras construcciones, como el palacio de Peredo o las casas de los Villa o los Velarde, conservan restos de la torre original con reformas, en su mayoría del siglo XVIII. Una de las casonas más sobrias y bonitas es la Casa de la Vega, que algunos consideran residencia de Leonor, madre del primer marqués de Santillana. La de los Villa, de planta baja rectangular con soportales, es una de las más curiosas por los “Hombrones” del escudo. Frente al abrevadero se alzan las casas adosadas de los Quevedo (fachada sur) y los Cossío (fachada norte). Junto a la colegiata están la Casa de los Abades, donde residió la archiduquesa Margarita de Austria, y el palacio renacentista de los Velarde rematado por pináculos. Una de las cosas más destacables de la casa de los Tagle, primeros marqueses de Altamira y entre cuyos miembros se cuentan obispos y cónsules de México, es el valioso archivo familiar.