Fue el emplazamiento del Portus Samanum donde se embarcaba el hierro obtenido en las minas de la región. Junto a la casa de la Matra, se han descubierto restos de los muros del primitivo muelle romano. Ya en el siglo XIII, se desarrollaba en él una importante actividad mercantil con Francia, Inglaterra y Flandes. Un espolón divide la bahía, que comienza a los pies del promontorio de Cotolino, antes de llegar a la altura del club náutico y el parque Amestoy. El puerto, uno de los mejor conservados del Cantábrico, mantiene una fuerte personalidad pese a encontrarse en pleno centro urbano. Se prolonga hacia el interior en el antiguo barrio marinero y la porticada Correría. Desde el paseo marítimo también se puede acceder, mediante una escalinata, a la iglesia de Santa María y el castillo-faro. El recorrido concluye en el rompeolas, junto al viejo puente medieval y la ermita de Santa Ana.