En el mismo emplazamiento en que se cree que anteriormente existió un monasterio privado, se encuentra uno de los ejemplos más importantes del románico cántabro. De mediados del siglo XII, destaca la variedad de motivos en sus capiteles: mujeres ante el sepulcro, lucha entre monstruos y hombres, arpías y otros seres fantásticos, el sacrificio de Isaac... Consta de una sola nave con ábside semicircular y doble ventana central. Algunos ven rasgos mozárabes o visigóticos en su planta trebolada. La cabecera con doble arquería, de cinco arcos la inferior y de siete la superior, cuenta con una interesante decoración escultórica: cabezas cortadas, elementos vegetales, frutos, Adán y Eva. El conjunto está rematado por una cariátide masculina. Otra de sus peculiaridades es el falso crucero con cúpula abovedada. Llama también la atención la pila bautismal, en origen policromada, sustentada por leones devorando a un hombre. El templo fue remodelado en los siglos XVI y XX, cuando se sustituyó la torre original destruida por un rayo.