Muy cerca de la costa norte de Formentera, a unos 150 metros, se encuentra esta pequeña y deshabitada isla de playas paradisíacas con arena blanca y aguas transparentes. Quienes lleguen aquí encontrarán una gran variedad de fauna y flora ajena al bullicio del cemento y de los turistas. En lo más alto de su geografía se eleva una antigua torre de vigilancia llamada “Torre de Sa Guardiola” desde donde se controla el ir y venir de los visitantes. La isla ofrece, además, un espacio para baños de barro natural que niños y mayores encontrarán deliciosos.
(c) 2009 Rocío Orovengua León