De este castillo, que se encuentra prácticamente en ruinas, tan sólo quedan algunos restos de los muros y las torres. Según la documentación existente, Diego Hurtado de Mendoza ordenó su construcción en 1388 como fortaleza y residencia habitual. Cuando en el año 1475 se iniciaron las obras del castillo nuevo, la familia se trasladó y el castillo viejo pasó al olvido.
Por los restos que se conservan, sabemos que su estilo era mudéjar y poseía la estructura típica de los castillos de la época: planta cuadrangular con torres en los ángulos, tres cubos cilíndricos y una torre del homenaje de mayores dimensiones.
© 2009 Rocío Orovenga León