Llama la atención esta denominación siendo un lugar tan verde y umbroso, pero los monjes carmelitas descalzos que fundaron un monasterio a finales del siglo XVII lo llamaron “desierto” en el sentido de lugar apartado, sin población, al que retirarse a meditar y rezar. Un siglo después unas lluvias torrenciales dañaron los fundamentos del edificio original y los monjes construyeron otro monasterio que sigue habitado en la actualidad. Entre bosques de pinos y palmas, el desierto es en la actualidad un Parque Natural protegido. Desde finales del siglo XIX elaboran artesanalmente un licor con hierbas de la zona, el famoso licor carmelitano, así como otros vinos y ponches tradicionales.
© 2009 Isabel Ortiz Vera