Las suaves llanadas cumbreras encalman el ánimo del visitante para, de improviso, ponerlo ante la tremenda depresión de El Golfo, amplio semicirco que se desploma abierto al mar y que alcanza en sus bordes más elevados los 700 metros. Este Valle se generó por el derrumbe de parte del relieve insular, algo que ya se sabe que sucede periódicamente en las islas oceánicas volcánicas. La carretera que desde Valverde nos ha llevado hasta El Golfo continúa por el filo de la cumbre hasta descender al pueblo de Frontera, de ambiente grato y pintoresco, donde se tiene la ocasión de probar los exquisitos vinos herreños, ya que esta zona es centro de la pequeña industria vinícola que allí existe.
© 2009 Alicia Fernández Bencomo