En lo más alto de un acantilado de 600 m. de altura, César ideó este mirador perfectamente integrado entre la lava. A modo de cápsula espacial de grandes ventanales diáfanos, permite la observación de la costa norte. El recinto está formado por varias salas decoradas con móviles y esculturas del artista que distraen de la magnifica panorámica. Desde aquí se observa un brazo de mar que separa a La Graciosa, donde contrastan los tonos azules y verdosos del agua con el rubio de esa isla pequeña. Bajo las cristaleras hay un corredor donde disfrutar del viento y sentir el vértigo de las alturas.
© 2009 Alicia Fernández Bencomo