Varado mascarón de proa, gigantesca cuña de estilo imperial-administrativo emplazada en la confluencia de Alcalá y del Paseo del Prado, el edificio del Banco de España se construyó a finales del siglo XIX y juega al corro con Correos, la Casa de América y el Ministerio del Ejército en torno a la estatua de la diosa Cibeles. Por dentro hay vidrieras Art Decó, pinturas de Goya y de Mengs, una biblioteca bellísima a la que el común puede acceder sin demasiadas dificultades y claro, el parné, la tela, la guita, los monises -colectivos o así- al buen recaudo de su cámara acorazada y en forma de lingotes de oro resplandecientes de tan bien amontonaditos.