Parque público anexo al Monte de El Pardo. Sus más de 1.700 hectáreas de terreno llano con suaves ondulaciones se adornan con vegetación de encinas, pinos y matorral -olorosas retamas y jaras sobre todo-, un lago por el que navegan piraguas y barcas de remos, fuentes y merenderos. Está poblado por faunas variopintas, que van de pajaritos más o menos canoros a conejos y zorros, pasando por corredores a pie o con bicicleta, senderistas, parejas en celo, mirones, familias del Foro que van a echar el día y visitantes de provincias con pretensión de darse una vueltecita por el Parque de Atracciones o a subirse al Teleférico, entre exclamaciones de asombro y canguelo mejor o peor disimulado. Quizá se acerquen también al Zoo o se den un garbeo por los recintos feriales, los más nostálgicos con la oreja puesta en los ecos de los años sesenta, abigarrado escaparate de exotismos de andar por casa y maravillas pastueñas: el mundo, una vez más, al alcance de todos los españoles.