Llegues por donde llegues a Santa Cruz, siempre podrás apreciar a distancia el anfiteatro que forma desde la costa hasta la cumbre, entre la bahía que lleva su mismo nombre y el Macizo de Anaga. Pese a ser una ciudad en pendiente, es perfecta para pasear y relajarse en sus ramblas, parques, plazas, plazoletas y jardines. Desde el centro, alrededor de la recién remodelada Plaza España, puedes subir por la calle del Castillo, eje comercial muy concurrido tanto por turistas como por los lugareños, y llegar a la Plaza Weyler, frente a Capitanía General, en donde puedes dejarte llevar por la suave habla canaria, un español enriquecido por vocablos de origen africano y portugués, entre otros. O coger el tranvía hasta la vecina ciudad universitaria de La Laguna, antigua capital y tercera urbe en población del Archipiélago y, al volver, apearte en la Plaza de La Paz y bajar por la ahora denominada Rambla de Santa Cruz, flanqueada por atractivos “hoteles” de principios del siglo XX, y disfrutar de las esculturas contemporáneas que la salpican, cruzar el Parque García Sanabria que, sin ser demasiado grande, está poblado por especies autóctonas y exóticas entre las que se entreveran otras obras de arte.
© 2009 Alicia Fernández Bencomo