Casi todas las calles peatonales más importantes del Puerto de la Cruz desembocan en esta plaza que, antes de serlo, era ya espacio abierto y de reunión. Debe su nombre a que en tiempo de mar de leva las olas entraban por la bocana del muelle y formaban en este espacio un gran charco, en el que incluso se podían pescar camarones. A la sombra de las palmeras canarias y los magníficos laureles de indias, los bancos suscitan las tertulias, el descanso y la contemplación, en presencia de la imponente ñamera que preside la pila central, otro de los símbolos más queridos de la ciudad.
© 2009 Alicia Fernández Bencomo