Es la más conocida y atractiva de todas las playas de la isla, la que ofrece más posibilidades, la más variopinta. La que vive de día y de noche, incansable. La de las dunas de arena fina y dorada, como nubes en constante evolución. La que preside el decimonónico Faro, anuncio a la vez que ayuda. La que tiene la Charca, entre el mar y la arena, lugar de descanso para las aves que migran a África. A lo largo del paseo van surgiendo zonas claramente diferenciadas: las familias clásicas y no tan clásicas, los niños, las parejitas alternativas y las de toda la vida. La de nudismo y libertad, la de surfistas y la de compras.
© 2009 Alicia Fernández Bencomo