Dos catedrales en una, conocidas con cariño como la Vieja y la Nueva. La primera, con clara transición del románico al gótico, comenzó a construirse a finales del siglo XII y presenta una torre gallonada incluida en los llamados cimborrios leoneses (presentes en las catedrales de Salamanca y Zamora y en la Colegiata de Toro). La Nueva, construida de mayores dimensiones comenzó a levantarse a finales del siglo XV y presenta dos fachadas de estilo plateresco e impresionantes bóvedas a 26 metros de altura.
La catedral no deja de ser una excusa más para visitar el soberbio casco antiguo de esta localidad y perdernos por sus calles. A escasos metros podremos maravillarnos con la belleza de la Plaza Mayor.