Auténtico paraíso en la tierra. Contemplar el Valle en toda su amplitud en pleno esplendor de la primavera desborda de energía el espíritu del viajero y sana de todas sus heridas al alma. Reconcilia al hombre con su Creador. Miles y miles de árboles floreciendo al mismo tiempo, el sol regalando sus rayos como celoso de la belleza de las flores. Y qué decir del derroche de sensaciones que provoca el restallido de los esperados frutos en nuestra boca.
Alberga y sirve de abrigo a numerosos pueblos de renombrada hermosura, villas pequeñas, sencillas, con gentes amables que cuidan de este auténtico tesoro de la naturaleza para deleite de todos los visitantes.