En el año 1992 y con motivo de los Juegos Olímpicos, Barcelona desarrolló un nuevo espacio urbanístico en los antiguos terrenos industriales del Poble Nou, transformando la zona en lo que es hoy la moderna Villa Olímpica. Su bello puerto deportivo, presidido por dos gigantes torres gemelas de 44 plantas, se erige como uno de los centros turísticos y de ocio más dinámicos de la ciudad. A lo largo de la avenida, un sinfín de restaurantes, bares, terrazas, hoteles y centros comerciales garantizan al visitante entretenimiento y diversión. Y para los más tranquilos, dos hermosas playas, Nova Icària y la playa de la Barceloneta, se abren en cada uno de sus extremos.