En Cádiz no es raro picar para construir un habitáculo y encontrar una vasija con dos mil años de antigüedad o los huesos de algún invasor antediluviano. Es como un roscón de reyes en donde cualquiera puede llevarse un premio, alguno incluso un buen susto, donde iba el ansiado jacuzzi puede acabar la sala de algún museo etnológico.
Con el teatro sucedió algo así, se construyó en el siglo I antes de Cristo y, desde la Edad Media, ha estado soterrado bajo una edificación que acabó siendo ocupada por unos grandes almacenes; el incendio repentino de estos dejó al descubierto, como un regalo escondido, una parte del que está considerado el segundo teatro más grande de la cultura romana. Del que fue seguro escenario de innumerables espectáculos, seguidos por públicos multitudinarios y bulliciosos hoy solo podemos ver una pequeña parte callada, suficiente para intuir su magnificencia.