Cualquiera que conozca y ame Cádiz podrá contarte algo que comience con “Aquel día en el Tío de la Tiza…”, porque en esta plaza pequeña caben mucha gente y muchas historias. Su espacio reducido no disuade a los miles de nativos y visitantes ávidos de gozar el carnaval en el mismo núcleo: el barrio de la Viña. El lugar donde las leyes de la física se ponen en entredicho cada mes de febrero; aquí densidad y volumen pierden su significado y si no ven a verlo; en perfecta sincronía un número imposible de personas cruzan la plaza de un lado a otro buscando el roce y el comentario jocoso de otros “mártires” bajo la mirada permisiva de la Virgen de las Penas.
En verano cambio de tercio, toda la plaza se convierte en una terraza llena de mesas y sillas donde, por turnos, la gente se va sentando para saborear los suculentos platos de sus tabernas; la estrella: la caballa con piriñaca, pero hay otros, prueba las tortillas de camarones, las ortiguillas fritas, las papas aliñás, los chocos y pescados fritos varios…