Su nombre, Manteca, es el del apodo del dueño, un gaditano ya jubilado, pero pendiente de que se cumplan sus preceptos, para quien la calidad es la sólida base de un negocio bien entendido.
El contraste entre sus productos exquisitos (embutidos ibéricos y quesos de cabra y oveja) y la forma de servirlos, en el trozo del papel que te darían en una tienda de ultramarinos define su personalidad, además de la decoración con fotos y carteles relativos al flamenco y los toros y del trato amable aunque algo precipitado de su personal, y es que suele estar empetao o a rebosar que es lo mismo, sobre todo en carnaval cuando entrar se convierte en proeza. En verano también es frecuentado, aunque algo menos. Ve por tu tapa a la barra y degústala en la terraza con una cerveza fría o un vinito de la tierra –de ésta o de otras-.