Al escuchar el nombre de Mérida, la mente nos conduce sin duda a pensar en el imperio romano y en su glorioso pasado. Sin embargo, en plena joya del mundo romano, una magnífica construcción defensiva del período islámico nos sorprende sobremanera y nos llena de rendida admiración. Se trata de la alcazaba árabe.
Fue mandada construir por Abderramán II y se considera la primera alcazaba árabe de la Península Ibérica. Su construcción data del año 835 d. C y se levantó aprovechando en gran medida materiales de construcción de épocas anteriores (romanos y visigóticos).
A la alcazaba se accede desde el vecino Puente Romano (otro de los tesoros de Mérida), atravesando un recinto denominado Alcazarejo.