El Cementerio de Recoleta, en Junín 1760, es uno de aquellos lugarcitoS cultos de la ciudad. La historia de esta necrópolis monumental está ligada a aquella de los frailes de la orden Agustiniana descalzos, que después de la construcción, en el siglo XVIII, del Convento y de la Iglesia de Nuestra Señora del Pilar, quisieron en el 1822 realizar el adyacente camposanto. Durante la época de Rivadavia, el área fue expropiada y destinada a transformarse en el primer cementerio público de la capital. Enseguida, durante la intendencia de Torcuato de Alvear, este fue remodelado y construyeron la magnífica entrada y el muro que aún hoy cerca el perímetro. Sobre una superficie superior a las 5 hectáreas se cuenta cerca de 47.000 capillas, organizadas según un esquema compuesto de islas, amplios caminos y estrechas callecitas. El cementerio es una verdadera y propia galería de arte a cielo abierto, una exhibición única de diferentes estilos arquitectónicos y esculturas. En el 1946 fue declarado Museo Histórico Nacional, dado que allí reposan los personajes más ilustres de la Argentina, incluso 25 presidentes, 200 héroes de la Independencia, 100 gobernadores provinciales y además científicos, escritores, músicos y la mítica Evita. Hospedando más de 350 mil cuerpos no se puede ser cierto de decir que la idea de la muerte no esté presente y no adjunte sobre las cosas y las personas su carga de inquietud. Aún así a esta atmósfera no se la podría definir como lúgubre y angustiante, pero si como misteriosa y sugestiva, serán unos tantos símbolos de la masonería diseminada aquí y allá, las miradas compasivas y adoradoras de tantas estatuas , el mensaje oculto que se mezcla a los epitafios solemnes, los últimos adioses emotivos y las inconsolables escritas sobre las lápidas, los miles y miles detalles de un lugar que tiene todos los números para ser un reservorio de legendas misteriosas y personajes apasionantes. El cementerio tiene la carga narrativa de un romance gótico y el encanto inquieto de un lugar de confín, aquel entre la vida y su ausencia, es la fotografía que no puede no salir bien, es el set donde sobreviven historias antiguas que la fantasía y el boca a boca han transformado en mito. Sobre el fondo de esta necrópolis las historias más inverosímiles se conquistan en beneficio de la duda; entre sus caminos se entrecruzan hechos insólitos de amor no correspondidos y caprichos, de pasión y de odio infinito que trasciende la muerte, los hechos reales se mezclan junto a los de fantasmas y cuentos alucinantes que ni en el silencio de la muerte han podido callar. Un microcosmo de curiosidad y misterio. Como no citar como ejemplo el hecho del eterno divorcio entre Salvador M. del Carril y su mujer Tiburcio Domínguez, los cuales se han odiado y despreciado en un matrimonio de treinta años transcurrido sin dirigirse la palabra. Después de la muerte del marido, la viuda expresa la voluntad en su testamento que su odio conyugal fuese perpetuado post- muerte y por esto sobre la común tumba de la pareja acampan dos estatuas que representan dándose mutuamente la espaldas.
No es menos curioso el hecho del guardia del cementerio David Alleno que después de treinta años de servicio en el cementerio, usó todos sus ahorros para construir su propio mausoleo. La historia cuenta que una vez concluido fue tanta el ansia de usarlo que volvió a casa y se quitó la vida. Triste es también el hecho de Elisa Brown, hija del almirante irlandese Guillermo Brown, que recibiendo la noticia de la muerte en la guerra de su prometido, se ahogó vestida de novia a las aguas del Río de la Plata para reencontrase con el amado difunto. Hoy los restos de la novia de la Plata reposan en una urna detrás de aquella del padre, urna obtenida del bronce de uno de los cañones de sus embarcaciones. Entre las legendas más famosas de Recoleta está, sin duda, aquella de la pequeña Isabel, hija del conde Alexandre Walweski, muerta pocos días después de su nacimiento. Si bien no se sabe con certeza, se dice que hoy su cuerpito reposa junto a los restos de la madrina, Mariquita Sánchez de Thompson, y que ciertas noches se pueden sentir el llanto de un bebé provenir de esa tumba. Por añadidura está quien jura que acercándose al sepulcro es posible ver el fantasma de la mujer tener entre los brazos aquella neonata del inconsolable llanto. E infinidad de historias de la Dama Blanca que no pocos juran de haber visto andar desesperada llorando por el propio y triste destino. La legenda urbana quiere que esta inquietante figura no sea otra que Rufina, hija única del poeta Eugenio Cambaceres. Se narra que el día de su decimonoveno cumpleaños una amiga le reveló que su madre fuese la amante de su prometido esposo, Hipólito Irigoyen, futuro presidente de la República Argentina, y que la joven conmovida por la noticia tuvo un ataque y muere. Algunos días después de la sepultura, el guadia del cementerio comunicó a la madre de haber encontrado El cajón de la hija ligeramente corrido respecto a donde había estado colocado. Cuando se decide a abrir el cajó, con inmenso horror de la familia, encontraron el cadáver de la joven con el rostro y las manos hinchadas y signos evidentes de rasguños y ungida sobre la parte interna de la cubierta del cajón. Victima de un ataque de catalepsia y creyéndola muerta, Rufina fue sepultada viva y despertándose en la oscuridad de su sepulcro, después de una estéril lucha encontró la más atroz de las muertes. Y fue la fobia de ser enterrado vivo que obligó al jefe de negocio Gath y Chavez, Alfredo Gath, que ha encomendar un cajón con un sistema de apertura al interno y una campanita que sonara en caso de resurrección.
Fue sepultado en este cementerio y no es azaroso pensar que debería esta realmente muerto dado que su cajón todavía continua a estar sellado. Abierto todos los días de las 7 a las 18. Entrada gratuita.
www.recoletacementery.com