Abasto es sin duda la zona más tanguera de la ciudad y aquella que mas se acerca a la síntesis mitológica que, de manera un poco estereotipada y no del todo semejante a la realidad, viene a la mente al nombrar Buenos Aires. Cerrado al interno del barrio de Balvanera, los limites de Abasto son difíciles da trazar, llamando en causa limites emocionales y de identidad, la cual por naturaleza no tienen carácter definitivo y estático.
Desde 1893 hasta 1984, Abasto ha ofrecido el mas importante mercado ortofrutiorticola de Sur América, mercado cubierto que con sus 120 mil metros cuadrados es hoy un imponente centro comercial, eso es el Abasto Shopping (Avda. Corrientes 3201). La presencia del mercado con sus colores, el ir y venir de la gente y el frenesí típico de los lugares de cambio ha dado a este barrio, no oficialmente tal, un carácter multicultural e multiétnico, todavía palpable. Después del cierre del mercado, en 1984, el barrio comenzó, por decir, a navegar en malas aguas convirtiéndose en uno de los lugares más peligroso de la ciudad, a tal punto de ser definido en un importante diario nacional el Bronx porteño. Con la abertura del inmenso centro comercial, en 1998, se desataron violentas críticas y entusiasmos encendidos. De un lado estaba quien temía que este enorme símbolo del consumismo habría inevitablemente arruinado la naturaleza del barrio, de otro lado estaba quien retenía que el Abasto Shopping representaba la única posibilidad que el barrio tenia para rescatarse del legrado en el cual había precipitado. Por fin Abasto es efectivamente rebrotado, transformándose en una zona alegre y frecuentada a todas horas, pero al mismo tiempo Buenos Aires consiguió disminuir el efecto que este cuerpo extraño habría podido causar, así que mate, fútbol y desorden son todavía los protagonistas indiscutidos de este lugar.
Pero Abasto antes de ser un puñado de calles, veredas y edificios, es una música y una canción, un instrumento hecho de noche y pasos de danzas. Abasto es junto al tango, el tributo urbanístico a la máxima expresión de su exponente: Carlos Gardel.
En este barrio de carácter decidido, con una población heterogénea, donde las lenguas y los dialectos se mezclan y los modismos de lunfardo son familiares, entre estas calles, donde el origen de las personas son confusos y no registrables, es que el extranjero Gardel podía sentirse en casa. Aquí mueve los primeros pasos frecuentando los bares y los cafés de la zona, comprar su primera guitarra y se convierte en la leyenda mundial que conocemos, pero antes aún de ser el ídolo indiscutido de este entrecruzamiento de calles donde vendrá rebautizado el Morocho de abasto. La casa donde vive entre el 1927 y el 1933, años de su muerte , y desde marzo del 2003, el Museo Casa Carlos Gardel recoge documentos y objetos pertenecientes al tanguero por predilección (Jean Jaures 735,. De lunes a viernes de 11h-18h, sábados domingos y feriados 10h -19h. Entrada 1 peso). En el mismo tramo de la calle Jean Jaures, para entender, aquella comprendida entre Tucumán y Zelaya, se puede admirar seis casas de inicio de siglo las cuales tienen una fachada decorada según la técnica del filete, la técnica decorativa más tradicional de la ciudad que evoca motivos que originalmente adornaban autos y los cajones del Antiguo Mercado de Abasto. Embocando la calle Zelaya va a ser imposible no notar que las fachadas de los edificios son decorados, también con retratos de Gardel, con los textos y partituras de sus pedazos de notas. Las pinturas son obra del artista Martino Santamaría y el proyecto, para el futuro, es que las orquestas pueden sonar leyendo las partituras directamente de las fachadas.
A este punto no queda otro que dirigirse cerca de la Esquina Carlos Gardel (Carlos Gardel 3200) originariamente Bar Chanta Cuatro, verdadero y propio lugar de culto para los apasionantes del tango. En este local no es difícil vivir los momentos de gran intensidad escuchando algunos de los mejores músicos de la ciudad que tributan su arte al mito de Gardel, mito que en este barrio nació, vivió y hoy continuamente revocado.
No será fácil equivocarse del momento que justo de frente a la entrada estuvo puesta en el 2000 la única estatua de la ciudad representante del artista, que con sus 2,40 metros abre el pasaje peatonal Carlos Gardel donde durante los fines de semana hay un lugar de espectáculo de calle de tango y de folclore, y donde suelen improvisar un mercadito de libros, discos, partituras y artesanías, además de un paseo entre estas calles que no les llevará mucho tiempo, el consejo es de programar una o dos noches para conocer los locales aprovechando de la rica y variable oferta cultural.
Al fin no pueden esperar de visitar monumentos de grande valor o de permanecer atónitos de frente a cualquier maravilla arquitectónica, este es un barrio que va más allá de lo que se puede ver y necesita ser admirado. Es uno de aquellos puestos que no conoce grises: te deja del todo indiferente o te entra en las venas. Prueben en el intento, no simple para un turista, de vivir y no visitar: abandonen la expectativa para acoger los detalles.