La Boca es sin duda el barrio que tiene la personalidad más particular y controvertida. Compuesta de pintorescas casas de techo plano, está ubicado en la esquina sur oeste de la capital, en las cercanías de la emboscada del Riachuelo, curso de agua que divide el territorio de la ciudad con el provincial. Aunque tiene la fama de un barrio inseguro, es aquel que representa la mayor densidad de turistas por metro cuadrado. La historia original y excéntrica de esta zona marinera es hoy el testimonio de su aspecto exuberante y alegre, que la transforma en una de las metas preferidas de una visita a Buenos Aires. Barrio fundamentalmente operario y mal hecho, recibe entre el 1860 y el 1930 un imponente ola de inmigrantes compuesta prevalecientemente de italianos de Génova que en busca de fortuna en el nuevo mundo, deciden instalarse en este primer puerto natural de la ciudad, la cual con su creciente dinamismo económico dejaba esperar un futuro promitente. Esta “Pequeña Italia”, como fue rebautizada por un tiempo, de carácter independiente y revolucionario, fue protagonista de un curioso evento: en el 1882 un grupo de genoveses, a través de un acta firmada comunicaron al Rey de Italia la constitución de la República Independiente de La Boca. Si bien los ideales de autonomía del barrio fueron prontamente tomados por el Gobierno Argentino, La Boca consigue igualmente darse una fisonomía tal en donde podría identificarse como una realidad aparte del interno del tejido urbano. La historia estética del barrio está estrechamente ligada a aquella del huérfano Quinquela Martín, que se hizo pintor famoso en los años veinte y treinta, decide hacer construir una escuela en este barrio insalubre e inseguro. Pide así mismo a los habitantes de La Boca de ayudarlos a pintar los muros del nuevo edificio para que se transformara en un lugar más alegre. Cada uno llegó con un tacho que contenía la pintura sobrante de la pintura de los barcos; ninguno tenía el mismo color. No le importó, se decide pintar cada muro con un color distinto. La solución les gustó tanto a los habitantes que deciden de reservar el mismo tratamiento a sus pequeñas y arquitectónicamente desordenadas casas de madera y chapa, que se vieron así transformadas en la postal más vendida de la Argentina entera.
Nace así el estilo de La Boca, una cachetada a la pobreza que suele llevar con si tristeza y soledad; un modo de máscara de la miseria que en su simplicidad es de una eficacia sorprendente.