El barrio de
San Telmo no es el más bello, ni es el más pintoresco, ni el más monumental de la ciudad, sin embargo emana una fascinación particular, alguna cosa que entra en las venas antes todavía de ser comprendido y “metabolizado”. Las calles empedradas y sus exquisitos y decaídos edificios coloniales contribuyen a crear una atmósfera de época que tiene la sensación de aquel pasado que no es todo pasado. El domingo, pues, hace aumentar esta sensación el más importante
mercado de antigüedades de la capital que es armado en
Plaza Dorrengo, literalmente invadida de una millar de puestos que exponen cachivaches y piezas únicas de gran valor. La plaza se llena de objetos y cada objeto contiene una historia, aquella de las tantas personas que los han poseído antes de que fueran a terminar allí, guiñando desde su puesto, arruinado, en espera del próximo propietario. Gramófonos, anillos, pinturas, viejas insignias y porcelana antigua son quizás el retrato más fiel de esta capital que, si bien es moderna y dinámica, no consigue renunciar a aquella melancolía que así intrínsicamente la caracteriza. En el siglo XIX esta zona era habitada de la elite ciudadana, pero seguida de una epidemia de fiebre amarilla fue abandonada para convertirse en meta de los inmigrantes provenientes de Europa. Las grandes casas coloniales se transformaron así en conventillos, suerte de casa popular compartida entre varias familias, y se difunde en el barrio un estilo de vida opuesta a la señorial. En este clima de miseria, nostalgia e incertidumbre nace el tango, que hoy se baila en locales bien escondidos, casi inaccesibles a los turistas, ricos de una fascinación decadente que reporta a otros tiempos. La
Calle Defensa, es el eje histórico del barrio. Sobre esa están ubicados la mayoría de los negocios de antigüedades, los bares típicos, los patios, también las viejas casas cuyas fachadas merecen una mirada atenta y un tiempo de observación superior a aquello que el turista apurado suele dedicarle. En la esquina entre Defensa y Belgrano puede iniciar el recorrido, con la visita a la
Basílica de Nuestra Señora del Rosario y el
Convento de Santo Domingo. Prosiguiendo sobre la calle Defensa, al número 755, se encuentra el
Zanjón de los Granados, la más importante operación de arqueología urbana nunca realizada en Buenos Aires: en el interno de una austera casa de otros 180 años, parte un interminable túnel subterráneo que se incrusta en las vísceras de la ciudad. Un museo muy particular que puede ser visitado en una horita y que cuenta la historia de esta esquina del mundo a través de sus ruinas,
www.elzanjon.com.ar.
A la izquierda se merece una parada el
Pasaje san Lorenzo, una estrecha calle que es también una de las esquinas más curiosas del barrio: 200 metros ricos de personalidad con muros, lampadarios y persianas que tienen tanto para contar. La extraña casa del cívico 380, hoy en ruinas, con sus dos metros y 30 de ancho es el edificio más angosto de Buenos Aires, tan así que ha conquistado el título de
Casa Mínima. El tramo de Defensa comprendido entre Independencia y San Juan es el corazón pulsante del barrio repleto el domingo de mañana de mimos, saltimbanqui, orquestitas, estatuas vivientes y bailarines de tango. No es raro ver jóvenes empujar caretas envueltas en cubiertas de lana que sirven para mantener el calor de los panes rellenos, especies de calzones rellenos y gustosos que sería un error no probarlos. Si el deseo es aquel de pasear entre piezas artísticas de decoración y arte noveau, muebles de la Bauhaus y artesanías del siglo XIX visiten, al número 982, la
Galería Guevara,
www.guevaragallery.com, una de las pocas galerías seleccionadas de Sotheby en Sud América para hacer parte de su network de asociados. Siempre sobre el mismo tramo, entre Estados Unidos y Carlos Calvo, funciona el
Mercado de San Telmo, enorme estructura de metal inaugurada en el 1867, que presenta ingresos sobre uno de los cuatro lados del aislado y que en el espíritu de los grandes mercados populares de una vuelta ofrece una vasta colección de frutas y legumbres, quesos y salames y por supuesto la renombrada carne argentina. Dentro son repartidos también quioscos que ofrecen óptimos almuerzos a precios mínimos. Acercándose a la plaza, al número 1179, se encuentra el bellísimo
Pasaje de la Defensa, una antigua casona del 1880, residencia de la familia Ezeiza, que conserva aún su estilo original, actualmente sus tres patios de Árboles, del Templo y de la familia Ezeiza hospedan negocios de antigüedades, de muebles de época, de cuadros y de souvenir. El suelo a ajedrez blanco negro reproponen escenas de una cotidianeidad abierta en una arquitectura fascinante, un maravilloso testimonio de los tiempos en el que se tejía la vida en los patios de las casas.
A 50 metros al este está la Plaza Dorrengo, sobre la calla Humberto Primo, se encuentre por el contrario el complejo jesuítico compuesto de la Iglesia de Nuestra Señora de Belén, la Parroquia de San Pedro Telmo y el Museo Penitenciario Antonio Ballve, que hospeda en su interno la capilla Nuestra Señora del Carmen, construida en el 1734. Al frente surge la Escuela Guillermo Rawson, primera escuela de medicina de Buenos Aires, cuya arquitectura presente elementos neo-coloniales, enmarcados de las dos grandes magnolias plantadas al inicio del ochocientos por los sacerdotes de Belén. Volviendo por Defensa y continuando por el sur después apenas media cuadra el antiguo fascinante San Telmo viene básicamente interrumpido de la arbolada Avenida San Juan donde al número 350 se encuentra el Museo de Arte Moderna de Buenos Aires, del otro lado tres cuadras mas al sur se abre el gran y sobrevalorado Parque Lezema, al interno del cual, si bien con acceso de Defensa 1600, se encuentra el Museo Histórico Nacional.