El kilómetro y medio que da la Plaza de Mayo alcanza hasta la Plaza del Congreso y el eje neurálgico de la ciudad, también del poder político de la nación. Casa de Gobierno y Parlamento se ven de lejos, unidos y divididos por la Avenida de Mayo, un paseo a través de la historia de este país, hecha de tantas caídas y otros tantos triunfos, de pasiones incontenibles y de odios inextirpables. Avenida de Mayo es una de las más bellas calles de la Capital, así como el boulevard de la Argentina, sobre el cual en el 1894 fueron erectos los primeros edificios de muchos pisos de la ciudad. Caracterizada por las alternadas construcciones en estilo Art Nouveau y Arte Decó, la Avenida fue realizada en poco más de 10 años como parte del proyecto de renovación de la Capital según un canon de la Parigi de Haussman.
Partiendo de la Plaza de Mayo, en la esquina entre Perú y avenida de Mayo, se encuentra la
estación Perú, segunda parada de la línea A del Subte, que se conserva como cuando fue inaugurada en el 1913, cuando Buenos Aires era la única ciudad de Sud América que tenía una red metropolitana. Paguen el boleto de la avenida para visitarla y gozar de la arquitectura de época y de los antiguos carteles publicitarios, también para admirar los trenes con los vagones de madera y las puertas manuales. Al número 560, Pasaje Roverano, es el único edificio con acceso privado a la estación del subte. Algunos metros más allá, al 575, se impone el edificio del diario La Prensa, hoy Casa de la Cultura de la Ciudad, mientras unas cuadras más allá, al 7689, se encuentra el edificio Art Nouveau del ex Hotel Centenario. Continuando a pasear, posiblemente con la nariz en alto para admirar los espléndidos edificios ricos de historia y de anécdotas, alcanza al número 826 y así al renovado
Café Tortoni,
www.cafetortoni.com.ar. La magia de su decoración, de las mesas de mármol y madera a los vidrios del techo, es superada solamente por aquella evocada de tantas antigüedades que llenan esquinas y paredes, recordando los tiempos en que estos salones eran frecuentados de personajes de la medida de Borges, García Lorca, Pirandello y Gardel.
Reservamos para el final el edificio más sorprendente de la Avenida:
Palacio Barolo, al número 1370. Construido por el arquitecto Mario Palanti es terminado en el 1923, este inmenso edificio neogótico romántico ha sido el más alto de la ciudad hasta la construcción del Kavanagh. Siendo Palanti estudioso de la Divina Comedia, ornamentó el edificio de múltiples referencias al jefe del trabajo dantesco. En la cúpula se encuentra un faro giratorio formado de 300.000 lámparas que, a la época en el que la radio no era tan difundida, era utilizado para difundir noticias. La curiosidad mirando este impotente coloso arquitectónico son innumerables de decir y por cuanto tenemos para profundizar no podemos más que aconsejar un paseo por su pagina web
www.pbarolo.com.ar. El edificio tiene un hermano gemelo en el Palacio Salvo de Montevideo, Uruguay.