Desde la Ruta 9, desviando 4 kilómetros al oeste sobre la Ruta 52, se llega al más encantador entre los pueblitos de la Quebrada: Purmamarca, 2.200 metros sobre el nivel del mar. Purmamarca se encuentra a 65 Km. de Jujuy y es normalmente la primera etapa de quien visita la Quebrada. Se trata de un minúsculo pueblito extendido al pie del colorido Cerro de los Siete colores, compuesto de una serie de siete estratos sedimentarios, también diversos tipos de arcilla que fueron depositados uno sobre otro en la Era Mesozoica, cerca de doscientos millones de años atrás. Es obligatorio recorrer a pie el Paseo de Los Colorados, un paseo accesible a todos que parte del pueblo girando entorno al Cerro de los Siete Colores. Tres kilómetros inmersos en las formaciones geológicas dominantes del color rojo, con panoramas silenciosos que escasean sobre las montañas verdes, azules y violetas: inolvidable. En lengua Aimara, Purmamarca significa Pueblo de la tierra Virgen, mientras que en lengua Quechua País del León, casi un homenaje a la pureza y a la fuerza que esta tierra está en grado de encerrar y comunicar. Casi al final del Paseo se encuentra un pequeño cementerio, testigo de la gran importancia que los habitantes de la Quebrada reservan al culto de los muertos. El trazado urbano del pueblo, de la estructura colonial con casas de adobe y techos de barro y madera de cactus, se desarrolla entorno a la inmaculada Iglesia de Santa Rosa de Lima, protectora de Purmamarca, remonta al siglo XVII. En la plaza frente a la Iglesia cada día se tiende un pequeño mercadito de productos artesanales y souvenir sobre los que sobresalen las pilas de mantas, de tapices y de tejidos de colores vivaces típicos de la región andina de toda Sud América. La oficina de información turística se encuentra ubicado frente a la plaza, para quien llega con mochila en la espalda y no tiene intención de permanecer, aquí se puede dejar el equipaje. De Purmamarca parten los colectivos y taxis para visitar las Salinas Grandes.