Quien salga a pie de la Plaza Mayor y baje unas decenas de metros por la calle del mismo nombre, se encontrará a su izquierda con una plaza especialísima, toda antigüedad y señorío. Además de ser origen de tres viejas calles, la del Codo, la de Madrid y la del Cordón, está formada por la Casa y la Torre de los Lujanes, la Casa de Cisneros y el Ayuntamiento, ahora desocupado. Al fondo, la bizarría de un mílite glorioso, don Álvaro de Bazán, marino insigne, victorioso en Lepanto, humanista y protector de humanistas, inspirador de versos de Lope de Vega; la hermosa estatua (1891) de Mariano Benlliure le hace cumplida justicia.
A sus espaldas, como si pretendiera defenderla con su espada, queda la Casa de Cisneros, palacio plateresco construido en el siglo XVI por uno de los sobrinos del cardenal; cuenta Mesoneros que aquí fue tenido preso y recibió tortura Antonio Pérez, ese pájaro de cuenta, el conspirador que fue secretario de Felipe II y amiguito de la princesa de Éboli. Terminó escapándose, claro. De principios del siglo XX es el curioso pasadizo con arco y ventanal que une la casa de Cisneros con el edificio del Ayuntamiento.
La Casa y Torre de los Lujanes, conjunto de estilo gótico-mudéjar, está formada por la vivienda original de la familia Luján, comerciantes aragoneses, desde principios del siglo XVI, y una torre que, dada su altura, se convirtió a principios del XIX en estación del telégrafo óptico de la línea Madrid-Aranjuez; un proyecto de 1910 le devolvió su fisonomía original. Actualmente cobija la Real Academia de Ciencias Políticas y Morales.
El Ayuntamiento, cuyo proyecto inicial data de 1629 y que estuvo en construcción durante más de medio siglo, se encuentra ahora horro de funcionarios y actividad: el traslado de la sede municipal a Cibeles lo ha reducido a su melancólica condición actual. Parece que sus muchos tesoros, desde el patio de cristales a la goyesca Alegoría de Madrid, sus tapices, sus muebles, van a formar parte de un nuevo museo que se integrará a su vez en el Museo de la Historia, antes Municipal. Seguiremos informando. Digamos sólo, a título de curiosidad, que si es (fue, más bien) el único ayuntamiento del mundo con dos puertas, se debe a que por la de la derecha se accedía a unas nada acogedoras mazmorras. Bien a mano de los munícipes, hospedaban a quienes, por ejemplo, se demoraban en el pago de sisas, alcabalas o portazgos municipales. Tamaña añoranza deben de sentir algunos.
© Alberto Jiménez Rioja