Justo delante de la Alcazaba nos encontramos este bello edificio cuyo estilo neoclásico recuerda los palacios renacentistas italianos. Terminada su construcción en el siglo XIX, el Palacio de la Aduana nació con el objetivo de sustituir a la antigua Aduana que atendía al tráfico del puerto. Con él, Málaga se introdujo de lleno en la estética clasicista. Unas enormes palmeras embellecen su fachada y contrastan con el ocre de las piedras. De su interior destaca su patrio central porticado con una fuente entorno al que se distribuyen el resto de las estancias. Tras albergar numerosas instituciones, es sede del Museo de Bellas Artes y Arqueológico de la Ciudad.