A menos que se esté en alguna vieja ciudad italiana, en Edimburgo o en París, no parece muy común que un cementerio aparezca entre los lugares de obligada visita de una ciudad. El Cementerio de San Eufrasio posee tanto valor arquitectónico como sentimental. Arquitectónico por su patio, sus panteones y su vieja capilla, y sentimental por sus fosas comunes y los homenajes continuos que allí se celebran. Frente a él, la pequeña emita del Calvario con una interesante colección de exvotos del siglo XVIII.
© 2010 Rocío Orovengua León