El casco antiguo no lo es tanto, ya que renació tras ser arrasada la ciudad en 1813 por un incendio, provocado por los ingleses después de liberarla de los franceses. Sobrevivieron las iglesias de San Vicente, la más antigua que se conserva, y Santa María del Coro, patrona de la ciudad, donde el Orfeón Donostiarra entona la famosa Salve. Tiene su centro en la porticada plaza de la Constitución, sede del primitivo Ayuntamiento y coso. Hoy las fiestas de Santo Tomás o San Sebastián sustituyen a las corridas. Calles como Narrica o Fermín Calbetón, a las que se acude de txikiteo, o plazas como la de Sairregui, son puntos de referencia. El tradicional y centenario Mercado de la Brecha y la antigua Pescadería se han transformado en centro comercial.
© 2010 Herminia Bevia Villalba