Osca para los romanos, Wasqah para los árabes esta es una ciudad que ha custodiado durante siglos las huellas de su larga y accidentada historia (recuérdese aquella sangrienta leyenda de la campana de Huesca). Sitio de encuentro entre cristianos y musulmanes, dicen los cronistas que entonces era próspera, con mezquitas, baños públicos y mercados. Hoy día es una ciudad extremadamente manejable, con muchas zonas verdes, de ambiente acogedor y tranquilo que invita al paseo. Tres calles dibujan el trazado ovalado de las antiguas murallas: La ronda Montearagón, la del Coso Alto y la calle del Coso Bajo. Entre ellas conforman una circunvalación en cuyo centro se eleva el casco viejo. Cuatro Esquinas, confluencia entre El Coso Alto y Bajo, es el punto de partida ideal para comenzar la visita por calles de antiguo empedrado. La zona por excelencia del tapeo está detrás de los Porches de Galicia, contigua al casco. La zona de marcha, en cambio, se encuentra junto a Coso Alto y Bajo, con locales de variado signo, desde bares y pubs hasta elegantes cafés con música. Una de sus fiestas más populares son los Sanlorenzos, del 9 al 15 de agosto, y que comienzan, como tantas otras, con un chupinazo en la Plaza de la Catedral.
© 2011 Rocío Orovengua