Es uno de los lugares de paso obligados para el visitante. Se encuentra en la plaza del mismo nombre muy cerca de la catedral, Santa María de Huesca, en el corazón del viejo barrio mozárabe. El templo, es sin duda alguna, una de las innumerables reliquias arquitectónicas de la ciudad y, además, uno de los máximos exponentes del románico aragonés. En el mismo lugar, donde antes hubo una basílica visigoda, luego, una catedral mozárabe y, más tarde, un monasterio benedictino; se levanta uno de los santuarios más antiguos de la península, de aspecto románico, robusto y sencillo, está compuesto de dos partes: la iglesia y el claustro.
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