Desde la costa asturiana hasta el norte de la provincia coruñesa se extienden, a lo largo de 300 km, las rías de Ribadeo, Foz, Viveiro, Barqueiro, Ortigueira y Cedeira, y en el arco ártabro, las de Ferrol, Ares, Betanzos y Coruña. La zona que abarca desde Coruña a Finisterre, la Costa de la Muerte, incluye las de Corme-Laxe, Camariñas, Lires y Corcubión, vínculo disputado y compartido con las Rías Bajas. El conjunto es muy heterogéneo, aunque la costa cántabra resulta algo menos accidentada que el litoral atlántico. Como fondo, se alternan continuamente montañas y valles fluviales invadidos por el mar. Estos forman protegidas ensenadas, que se combinan con una costa abrupta y de fuerte oleaje. El aislamiento de la Mariña lucense, olvidada largo tiempo por el turismo, ha contribuido a conservar su encanto. El itinerario está lleno de playas y arenales, así como de importantes puertos, entre los que destaca Burela. Las rías siempre fueron fuente de sustento y vía de comunicación. Por ellas llegaron fenicios, celtas, romanos, vikingos, normandos, ingleses, franceses... Algunas paradas obligadas por su interés natural son la playa de las Catedrales, los humedales de Ortigueira y Ladrido, Estaca de Vares, punta Candelaria, y los cabos Ortegal, Prior y Fisterra.
(c) 2009 Herminia Bevia Villalba