Una de las arboledas más densas y completas de toda Galicia, tan misteriosa como el bosque animado de Cecebre. En la última fraga atlántica autóctona dominan los alisos y carballos, además de abedules, sauces, arces, majuelos, fresnos, tejos. En el Parque sobreviven especies de helechos y hongos que se remontan a la Era Terciaria. También la fauna es abundante: nutria, tejón, salmón, martín pescador, jabalí, lobo, gato montés, diversas aves de rapiña como el búho real y numerosos anfibios y reptiles. El recorrido presenta perfiles abruptos y algunos parajes resultan sobrecogedores. Se pueden recorrer las fragas hasta el embalse en unas horas, sabiendo que el mundo urbanizado y asfaltado queda a 15 km, o perderse en su extensión agreste indefinidamente. Lo mejor es seguir la pista de la margen izquierda del río hasta llegar a un puente, uno de los pocos que salvan el Eume. Al otro lado, en una atalaya, se alza San Juan de Caaveiro, primero monasterio benedictino, luego cisterciense y posterior colegiata. Hoy se pueden visitar, ya restauradas, lo que durante mucho tiempo fueron impresionantes ruinas de un centro eremítico del que fue abad san Rosendo en el siglo X.