Más de cuatro mil cuevas trazan su un delicado encaje de bolillos en el subsuelo de Tomelloso y alrededores. Cada familia tenía la suya propia, que habían cavado en el duro subsuelo para usarlas como bodega donde conservar las tinajas que contenían el excelso néctar. Se asoman por lumbreras a las calles de Tomelloso. La más famosa es la de Francisco Carretero, que se puede visitar.
(c) 2009 Isabel Ortiz Vera