De los dos castillos que se sucedieron aquí sólo queda el nombre, pero el paso del tiempo ha dado personalidad a este lugar de encuentros y festejos que incluso fue coso taurino desde 1385 a 1844. Dan fe de su antigüedad los restos de termas romanas y de la necrópolis musulmana hallados al acometerse las obras de un aparcamiento. A medida que se transformaba la ciudad, edificios variopintos fueron incorporándose: el Casino, el hotel La Perla (donde se hospedaba Hemingway), el quiosco de música... Y los cafés proliferaron para acoger la vida social, que sigue recreándose en este eslabón entre la zona antigua y la nueva.
(c) 2009 Carmen Blázquez Gil