Cerca de los Pirineos, en tierras de pastos que fueron bosques –consumidos en buena medida en las fundiciones de hierro–, se extiende Elizondo siguiendo el curso del río que da nombre al valle: el Batzán. Su situación céntrica lo convierte en lugar de encuentro para los pueblos del valle, tanto a la hora del comercio –un buen ejemplo son las ferias de ganado–, como a la de los festejos, por lo que es una población muy activa y animada. El edificio más notable es el palacio de Arizkunenea, pero otros muchos palacios y casas nobiliarias alzaron sus muros presididos por altivos escudos en torno a los siglos XVII y XVIII: el Ayuntamiento, la Casa del Virrey, el Palacio Datue... No menos interés y mucho encanto tiene la arquitectura popular: tejados a dos aguas, muros blancos, sillares rojizos y balconadas de madera coronadas de flores. Sólo hay que pasearse por los soportales de la calle Jaime Urrutia, por la plaza de la Coral con su fuente, detenerse en los puentes sobre el río... saboreando urrakin egina, su famoso chocolate con avellanas enteras. Y tal vez aprovechar la ocasión para ver un partido de pelota vasca en una de las modalidades más antiguas.
(c) 2009 Carmen Blázquez Gil