La ciudad levantada a orillas del Miño, en la Terra Chá, fue fundada en 15 a. C. Muestra su impronta romana en la muralla, el puente sobre el río, restaurado en la Edad Media, o las Termas. No obstante, bajo cada calle aparecen de continuo mosaicos, calzadas, restos de templos, necrópolis o cloacas. Fue sede episcopal de los siglos III a VI y los suevos hicieron de ella su capital. La tomaron los árabes, pero respetaron la muralla. Reconquistada en la Edad Media, vuelve a manos de la Iglesia. Por ella cruza el Camino Primitivo, la primera ruta de peregrinación a Santiago. El recorrido cultural llevaría por el Centro Arqueológico San Roque, Casa de los Mosaicos de Batitales y Museo Provincial. El palacio episcopal barroco, construido sobre uno anterior gótico, se levanta frente a la catedral en la plaza de Santa María. Destacan la gran escalinata y la balconada central blasonada. Por calles como la de la Cruz, Nova o conde de Pallarés, y plazas como la del Campo, Mayor o Campo Castelo, se suceden numerosos palacios, en su mayoría del siglo XVIII, así como soportales con arcos de medio punto y ojivales. El parque de Rosalía de Castro, con pérgola, quioscos y estanque modernistas, tiene un magnífico mirador y árboles de todos los continentes. En el barrio da Ponte hay que visitar el lazareto de San Lázaro creado en el siglo XII. En la inmediaciones está el interesante castro de Viladonga.
(c) 2009 Herminia Bevia Villalba