En el cerro de San Blas, que domina el llano, a 15 kilómetros de Albacete, se perfilan la muralla y, empingorotado en su cumbre, el castillo de Chinchilla. Lo de “Montearagón” le viene porque perteneció en el s. XIII a la corona de Aragón. La ciudad ha conservado su trazado medieval, de callejuelas y patios manchegos, aportalados de dos pisos, y su arquitectura blanca. Recientemente se han descubierto unos baños árabes en la cochera de una casa de principios del siglo XX. También en el barrio del Hondón se encuentran viviendas en cuevas, como las de Baza o Guadix, en donde residen actualmente artistas y artesanos. La plaza Mayor, llamada plaza de La Mancha, cuadrangular, luminosa, es también muy manchega. En ella están el ayuntamiento, la iglesia de Santa María del Salvador y la torre del Reloj. El museo de cerámica alberga unas 2.000 piezas de cerámica tradicional, pertenecientes a casi 500 alfares, la mayoría desaparecidos. Sus piezas más características son las cuerveras, unas tinajas especiales para hacer “cuerva” o sangría.
© 2009 Isabel Ortiz Vera