Esta torre formaba parte de la muralla, y ha quedado exenta y solitaria como símbolo de la ciudad. Ha sufrido tantas remodelaciones debido al tiempo, a un rayo y a la invasión francesa, que la estructura actual difiere bastante de la primitiva: tiene un aspecto más macizo que la original, con cierto aire de fortaleza toscana, además de su gran reloj en la parte superior y unas almenas que no tenía la original. A principios del siglo XX se le añadieron unas campanas que tampoco conserva. Otros usos se le han atribuido, como antiguo minarete, catapulta o lugar donde se ejecutaba a los condenados. No se visita por dentro.
© 2009 Isabel Ortiz Vera