En esta Comunidad de clima húmedo y templado, el paisaje costero se combina con los del valle y la alta montaña, el arte con la gastronomía y la historia. Por lo que respecta a ésta última, encierra una enorme riqueza: necrópolis, restos romanos, conjuntos medievales, iglesias románicas, destacadas muestras de arquitectura civil o zonas arqueológicas. Entre las numerosísimas cuevas prehistóricas destacan las de Altamira, Covalanas, Monte del Castillo, El Pendo. De las 5.000 cavidades visitables que hay en Cantabria, la de El Soplao es la de mayor interés geológico. Muy cerca, en Rábago, se ha descubierto recientemente un enorme yacimiento de ámbar. A los Parques y Reservas Naturales ––Saja-Besaya, Dunas de Liencres y Oyambre, Marismas de Noja y Santoña, Macizo de Peña Cabarga, Picos de Europa–– se añaden hermosas comarcas como las de Cabuérniga o Campoo, y valles como los de los ríos Nansa, Asón y Deva. A sólo una hora de la capital, la zona del Pas mantiene costumbres que apenas han cambiado con los años. En esta Autonomía de poco más de 5.000 km cuadrados, la promoción turística se suma a las tradicionales actividades pesqueras, agrícolas y ganaderas. Cuenta con sistemas subterráneos para la práctica de la espeleología como los 53 km de galerías exploradas del río Silencio o la Cueva del Agua. Junto a rutas clásicas de peregrinación, como las del Camino de Santiago o Santo Toribio de Liébana, ofrece la posibilidad de disfrutar de otras de igual solera, como la que va desde el puerto de Palombera a Bárcena Mayor o la de los Campurrianos, resultado de la trashumancia. Al igual que su naturaleza, su arquitectura está hecha de contrastes desde los invernales y las cabañas a los palacios, de las casas con solanas acristaladas a las viviendas de indianos. A todo esto hay que sumar, como sucede en todas las regiones españolas, folclore y gastronomía propios, balnearios, fiestas, artesanía, fauna y flora autóctonas, esquí y playa y una de las mayores masas arboladas de la península.
© 2009 Herminia Bevia Villalba